27. EL MIEDO INCONSCIENTE AL MATRIMONIO
Tlacatzin Stivalet Corral

Los seres humanos, todos, sin lugar a dudas, pertenecemos a una «familia». Asimismo, nuestra «familia» nos pertence. Siempre nos referimos a los miembros de nuestra «familia» anteponiendo el adjetivo posesivo de primera persona del singular: mi. Es así que decimos: mi madre, mi padre, mi hermano, mi tío, mi tía, mi abuelo paterno, mi abuela materna, et cetera. Esta mutua pertenencia nos da «identidad», es nuestra primera «identidad».

Nuestra «familia» representa nuestro «origen». Cada uno fue originado en el seno de una «familia». A su vez, cada «familia» es originada por un hombre y una mujer que deciden unirse para procrear, se entiende que por acuerdo mutuo. Lo natural es que la unión sea permanente. En la actualidad, cada vez es menos permanente. La duración de un matrimonio se hace cada vez más corta. Cuando ocurre una violación y hay un embarazo como resultado, la familia se origina por un acto fugaz.

No obstante la fugacidad de la unión, la permanencia de la «familia consanguinea» se mantiene. Esta familia es para siempre. Lo que cada vez se vuelve más fugaz es la «pareja original». El matrimonio, o la pareja, termina convertida en dos fugitivos: cada vez más se rehuye a la unión marital. Después de la “luna de miel” cada uno de los «cónyuges» empieza a planear su fuga. La insatisfacción de vivir en pareja es creciente. Es cada vez más frecuente que uno o ambos «cónyuges» se refugien en amantes.

Se puede decir que en el presente, una gran mayoría de los adultos puede ser considerada como prófugos o tránsfugas del matrimonio. Desde la “despedida de soltero”, o “de soltera”, empiezan las bromas para ahuyentar del matrimonio al contrayente. Una vez casado, cada hombre empieza a vivir una vida doble. Inventa cualquier cantidad de subterfugios para disponer de “tiempos libres” en los cuales desfogarse de la presión que vive en su “hogar”: generalmente con una pareja ocasional.

Resulta por demás interesante que todas las palabras marcadas en los dos párrafos anteriores pertenezcan a la misma «familia» de palabras. En efecto, son derivados de huir, en latín fugere, las palabras: fugacidad, fugaz, rehuir, fuga, refugiarse, prófugo, tránsfuga, ahuyentar, subterfugio, desfogarse. Más que una coincidencia fortuita, parece tratarse de una «coincidencia significativa», del mismo tipo que tan magistralmente esclareció Carl Gustav Jung el investigador suizo del alma humana.

La «coincidencia significativa» entre el sustantivo matrimonio y el verbo huir tiene muchos puntos que hay que investigar. En nuestro «aquí» y en nuestro «ahora» lo único que se puede hacer es señalar algunos pocos elementos, muy escasos por cierto, de los aspectos importantes de esta correlación semántica. Los referentes cotidianos hablan mucho de esta significativa unión de conceptos. Las bromas familiares muy frecuentemente se refieren a este conflicto inconsciente, a este combate soterrado.

Quien está pensando en huir del matrimoio está incapacitado para ejercer cualquier tipo de «liderazgo familiar». Este es un seminario sobre «liderazgo armonizante», por esto mismo, es imprescidible abordar el tema del matrimonio, como parte que es de la fortaleza de un verdadero «líder armonizante». Todos los humanos nacemos con el potencial de ser líderes, pero muy pocos son quienes sí ejercen este potencial, muy pocos son los que lo trabajan, muy pocos se hacen líderes. Esto hay que discutirlo aquí y ahora.

Lo primero que se viene a la cabeza es que el matrimonio inspira miedo. Cabe recordar que «miedo» es una palabra que se utiliza para significar ‘sentimiento de intranquilidad originado por la percepción de un peligro’. Lo que se tiene que dilucidar es: si se trata de un “peligro real” o si es sólo un “peligro imaginario”. Es importante aclarar la naturaleza primera del conflicto. En caso de ser un peligro real, es muy difícil de resolver la crisis del matrimonio, si el peligro es imaginario sí es posible la armonización.

Para los jóvenes presentes «aquí» y «ahora» resulta de la mayor importancia saber la causa de tanta lucha de poder, tanto combate por nimiedades, de tanto antagonismo cotidiano, de tanto choque de personalidades, de tanta actitud contestataria, de tanto apuro en la soledad, de tanta angustia en el ánimo de los «cónyuges». Quienes tienen veinte años de edad contemplan un matrimonio en su futuro. Tal como existe en el presente, el matrimonio es para huirle. Esta realidad tiene que ser enfrentada.

Es necesario saber primeramente si el «miedo» al matrimonio resulta por ser peligroso el matrimonio, peligro de muerte se entiende, o si el «miedo» resulta por «conciencia» de una falta de preparación para realizarlo, por percibir uno inmadurez personal para lograr el éxito. En el primer caso, cuando uno ve el matrimonio como peligro de muerte, es obvio que es un “peligro imaginario”, en el segundo caso, cuando uno percibe no estar preparado para contraer matrimonio, se trata de un “peligro real”.

Esta duda hace necesario que cada uno encuentre por sí mismo la respuesta. Lo que se puede hacer «aquí y ahora» es reunir información para esclarecer en todo lo posible la situación, el porqué del miedo al matrimonio. También es importante aclarar si es un asunto personal o colectivo. Considerando que «matrimonio» es simplemente ‘unión legal del hombre y la mujer’, se tiene que definir, «aquí y ahora», si vale la pena defender o no la simple “unión legal” de un hombre y una mujer.

Existe otra palabra muy usada en el presente para quienes viven “en unión libre”; se trata de la palabra «pareja» que se refiere a ‘conjunto de dos personas o cosas’. Los policías se refieren a su compañero diciéndole “pareja”, también se usa esta palabra para referirse al compañero o a la compañera de baile o de juego de dominó o de cartas, muchos amigos se dicen uno al otro “pareja”. Pero cuando se habla de “crisis de pareja” no hay duda alguna que se refiere a crisis del «matrimonio».

Generalmente cuando el lazo matrimonial se disuelve, cuando surge el divorcio, el hombre y la mujer inician un pleito lleno de mezquindad para repartirse las pertenencias materiales: dinero, mobiliario, automóvil, casa, et cetera. Entre más dinero hay de por medio, mayor es el encono, más ganan los abogados de ambos. En ese momento, recordar cuando se juraron amor eterno resulta una burla. Cuando alguno lo recuerda se siente avergonzado, no entiende lo ocurrido.

En la actualidad se explota todo este resentimiento en los llamados talk show ‘espectaculo hablado’, en donde matrimonios y parejas mal avenidos exhiben todo su odio, todo su resentimiento ante las cámaras de televisión. Estos degradantes espectáculos son seguidos con avidez por un público que no se atreve a confesar esos resentimientos ante los demás. El alto rating ‘estimación de audiencia’ que tienen dichos programas habla, a gritos, de la situación conyugal del presente: en México y en Estados Unidos.

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Sobre la imagen que acompaña este capitulo: Durante el año 2008, se registraron 589 mil 352 matrimonios en el país. La edad promedio al momento de contraer matrimonio en los hombres fue de 28.3 años por 25.5 de las mujeres. En el mismo año se registraron 81 mil 851 divorcios. La edad promedio de los hombres al momento de divorciarse es de 38 años y de las mujeres de 35.4 años. En el país se registraron 13.9 divorcios por cada 100 matrimonios. (Fuente: INEGI). Crédito de la foto: Juan Pablo González

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